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“Cultura se basa y se engloba en muchas cosas… son las tradiciones, los saberes, esas formas de construir el territorio, desde la identidad, desde la música, desde lo que tenemos cerca. No más pensarnos en que la UPZ8 0 Corabastos es un lugar que se mueve 24 horas al día, ahí se está construyendo cultura ¿de qué maneras? múltiples maneras; pero entonces, es también cómo empezamos a tomar todo esto y aprender de ello, y entender esas necesidades que tienen los territorios y poder construir alrededor de eso. Los saberes son importantes” Alejandro Martínez – Escuela Educacción popular Guaches y Guarichas por Bacatá, TribunaLABS 2023.

La CULTURA es un sistema de conocimientos y costumbres que caracteriza a un grupo poblacional. Está compuesta por el lenguaje, los hábitos los valores, entre otros aspectos que nos reúnen a través de la experiencia de una comunidad que ocupa el territorio.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, la CULTURA es el conjunto de rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social, y que abarca además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias.

La cultura es aprendida, compartida y dinámica, se adapta al contexto para garantizar la supervivencia del grupo social. La CULTURA no es algo instintivo del ser humano, ésta se va incorporando al ser durante la vida, y posibilita las relaciones en comunidad.

Los elementos que conforman la cultura son todos esos símbolos en los que nos identificamos, como por ejemplo la idiosincrasia, las religiones, las leyes que regulan un determinado sistema, así como sus normas y sanciones, la música, la vestimenta, la comida y las celebraciones folclóricas, sólo por nombrar algunas.

En Colombia existen diversas culturas, este territorio posee una gran riqueza de experiencias, y sistemas de creencias, que han logrado traspasar las fronteras. Por ejemplo, en el país existen 115 pueblos indígenas, cada uno con su lengua originaria, espiritualidad, y una visión de lo que significa el buen vivir.

Además, contamos con 181 Consejos Comunitarios titulados, en los que se reconoce y otorga el derecho al territorio de los pueblos negros, afrodescendientes, raizales y palenqueros, cada uno de los mencionados con sus propias características y tradiciones distintivas.

Cultura viene de culto, o viene de cultivo y es el cultivar constantemente expresiones inmateriales, está la experiencia, la memoria, la historia… por ejemplo escuchar un relato musical, ver una pintura, y la cultura está en todas partes, pero hay que agudizar ojo y oído para entrar en ella” Emmy Téllez – E&F Gestión Cultural y Artística , TribunaLABS 2023

El territorio nacional cuenta con 32 departamentos que han determinado su propia comida tradicional, música, y festividades. Si hablamos del ajiaco, la bandeja paisa, la carne a la llanera, el pesado muquiado, e incluso la changua… podemos ubicarnos geográficamente en puntos determinados, dicha información también nos permite evocar otras características de las personas que allí viven.

Aunque Colombia cuenta con una riqueza excepcional… también ha sido un país marcado por la violencia en lo que respecta a la cultura.

La experiencia de quienes hemos habitado este hermoso suelo, viene del etnocidio de la colonización, la guerra bipartidista, el magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán, el surgimiento de las guerrillas, la implantación de políticas de seguridad dirigidas al exterminio de todo lo que fuera “comunista”, el conflicto armado interno, el narcotráfico, la posición estratégica de Colombia en el continente como un corredor para el tránsito de migrantes, así como la violencia que persiste en la actualidad.

Las masacres, las desapariciones forzadas, el asesinato selectivo contra líderes y lideresas, el desplazamiento forzado interno, el exilio, los secuestros, los reclutamientos, la corrupción, las violaciones a los Derechos Humanos y todas esas formas en las que la violencia ha fracturado a nuestro país, también se han convertido en características de la cultura.

El racismo estructural que permeó en la cultura colombiana, ha permitido que los proyectos extractivistas acaben con las poblaciones de la costa pacífica sin que nadie se manifieste en contra de ello; la raza como una forma de dividirnos ha logrado que la sociedad legitime el abandono del Estado, y que posteriormente estigmatice formas de vida, reforzando el mensaje de que las comunidades indígenas quieren “adueñarse de la tierra, una que es improductiva porque no la trabajan”, pero nadie habla o reconoce el alto valor de su relación humano-territorio en la que se ha propendido por cuidar las selvas, los páramos, los valles y los ríos.

La doctrina del enemigo interno, impuso en una parte de la sociedad, la idea de que debíamos perseguir y asesinar a los guerrilleros, y todo lo que tuviera olor a ello. Razón por la que el “glorioso” Ejército Nacional terminó asesinando a más de 6000 personas que ni siquiera estaban en la dinámica de la guerra.

La implantación de grupos paramilitares en los territorios, creó el imaginario de que había personas que estaban por encima de otras, que nos podían decir cómo vivir, cómo pensar, y sobre todo, que si no compartíamos sus fines, o les estorbábamos en sus intereses podíamos ser asesinados, o victimizados con cualquiera de las formas anteriormente mencionadas.

El Registro Único de Víctimas, de la Unidad de Víctimas, tiene un conteo de por lo menos 9,514,863 personas que fueron golpeadas por la violencia a partir de 1985.

La cultura de la violencia condenó durante mucho tiempo a nuestro país, a ser la eterna víctima, la que llora cada noche por su hija, por su esposo, por su madre, por su hermano, por haber tenido que dejar la tierrita.

En medio del dolor la mayoría no había logrado pensarse en las raíces, en el génesis de dicha violencia, sin embargo, organizaciones sociales, movimientos campesinos, indígenas y afros, estudiantes, profes y teóricos, a pesar de todo, pudieron recoger y documentar a lo largo de la historia las razones, que no radican en otra cosa que la desigualdad social.

La colonización, y posteriormente el capitalismo y el neoliberalismo, han incidido en la cultura, a tal punto que muchas personas en Colombia y en el mundo sostienen la teoría de que “los pobres son necesarios” o que “el pobre es pobre porque quiere”, obviando que el poder ha estado en manos de un muy selecto número de familias, conglomerados económicos, partidos políticos y medios masivos de desinformación.

Según el Banco Mundial, para 2021 Colombia era el segundo país más desigual de América Latina y el Caribe, los ingresos del 10% de la población más rica, eran once veces mayor a los ingresos del 10% de la población más pobre.

En un país donde las oportunidades se determinan por el poder adquisitivo, es importante mencionar que para 2022, el 39,3% de la población era pobre en términos monetarios, mientras que la pobreza multidimensional alcanzaba el 13% según cifras del DANE.

En Colombia la pobreza empieza desde la infancia y esto limita las oportunidades de educación, salud, vivienda, y las garantías del goce efectivo de los derechos fundamentales para la vida digna.

Al mismo tiempo que el sistema nos impone como vivir, las Industrias Culturales (Adorno y Horkheimer 1949) crean y difunden contenidos, servicios y bienes culturales encaminados a los objetivos de acumulación capitalista. Entonces el capitalismo no solo nos condena a la pobreza y genera violencia sistemática en contra de esa pobreza, sino que, a través del arte, el entretenimiento, y la publicidad, nos vende unos modos de vida que quisiéramos ocupar, homogeneizando la cultura colombiana.

Sin embargo, las personas que trabajan desde el sector cultural, no siempre están en el marco de las industrias culturales, de hecho, las elites del arte y el entretenimiento hacen parte de ese 10% más rico de Colombia, mientras que los educadores comunitarios, las colectividades de músicos, actrices, pintores, escritoras, cirqueros, entre otros… hacen parte del grupo en pobreza monetaria, pues han sido relegados a las precarias condiciones de derechos laborales y al imaginario de que quien se dedica a las artes nunca tendrá bienestar para vivir.

De allí viene toda una cultura de la indignación… los sujetos menospreciados del sector cultural se han abierto camino en el programa de estímulos del Ministerio de Cultura, así como los Consejos de Cultura en las Alcaldías locales (en el caso de Bogotá) y municipales.

En nuestro país empieza a tomar fuerza y a posicionarse esa necesidad latente de transformar la cultura de la violencia, y lo correspondiente a la dignificación de los y las trabajadoras culturales en el territorio.

Por ejemplo, la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad en su informe final, señaló algunos hallazgos y recomendaciones entre cultura y conflicto armado.

La CEV reconoce que la violencia ha impregnado la existencia de la sociedad; que el racismo y el clasismo han generado violencias estructurales basadas en la exclusión social de la población y territorio propiciando violencias armadas; y que la persistencia del conflicto reeditó los valores, imaginarios y prácticas, las cuales se arraigaron en la matriz cultural.

La Comisión da cuenta de cómo la música ha sido la posibilidad para que las comunidades cuenten su historia de sufrimiento en el marco de la guerra. El cine y la literatura han sido puente para que la sociedad conozca la realidad del otro.

“El arte nos ha permitido nombrar lo innombrable y hacer visible la voz de las víctimas”  Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad 2022.

Por tal motivo las recomendaciones de la CEV han estado orientadas para fortalecer el sistema educativo, para configurar una sociedad pacífica y democrática, que reflexione sobre el papel de la ciudadanía, la reconciliación y las habilidades socioemocionales, educación con derechos humanos y memoria, todo esto con los respetivos enfoques diferenciales.

Se hace un llamado para que el Gobierno Nacional desarrolle una estrategia integral para la transformación cultural, acciones concretas a nivel territorial, un avance en las políticas públicas, como la actualización del Plan Nacional de Cultura. Las recomendaciones también recogen a los medios de comunicación, para que se haga una difusión de la narrativa y garantía del derecho a la verdad.

En este sentido, el Gobierno de Gustavo Petro ha creado unas líneas dentro del Plan Nacional de Desarrollo que busca, no solo implementar lo orientado desde el Sistema Integral de Paz (2016), sino que avanza en materia de dignificación y fortalecimiento para el sector cultural.

Entre las acciones dispuestas, se resalta que seis artículos del Plan Nacional de Desarrollo contemplan el fortalecimiento de la educación, la protección del patrimonio arqueológico, nuevas políticas públicas alrededor de la cultura, las artes y los saberes.

Lo que dice el PND 2022-2026 sancionado por el presidente Gustavo Petro, es que se realizará la modernización del Instituto Caro y Cuervo para que pueda dictar programas de educación en todos los niveles académicos de formación (art. 134); se creará el Consejo Nacional de Economías Culturales y Creativas, para facilitar los lineamientos políticos del sector (art. 186); habrá un reconocimiento de los territorios culturales, creativos y los saberes (art. 187); también se consolidará el Sistema Nacional de Formación y Educación Artística y Cultural para la Convivencia de Paz (art. 188); y finalmente se dicta la creación del Sistema Nacional de Circulación de las Culturas, las Artes y los Saberes, una herramienta para la implementación efectiva de las diferentes iniciativas que permitan fortalecer la circulación artística y cultural a nivel nacional e internacional (art. 189).

Sin duda el sector cultural logra ver un avance en este Plan Nacional de Desarrollo que no solo intenta abrir nuevas instancias desde lo administrativo, sino que involucra la transformación en seguridad humana y justicia social, la paz total, el ordenamiento territorial y la convergencia regional desde la incidencia de los derechos culturales.

No obstante, se espera que se realice una reestructuración al aparataje institucional ya existente, como en el caso de los Estímulos:

El programa de Estímulos del Ministerio de Cultura existe desde 1997 con el fin de ampliar la oferta de convocatorias para el sector, con los principios de diversidad y equidad, para fomentar la participación directa y democrática de la población. Para el 2022 se asignaron $29.084.000.000 millones de pesos, con los que se abrieron 1070 becas, 199 reconocimientos, 18 premios, 13 pasantías, y 18 residencias para un total de 1218 convocatorias.

La idea desde este gabinete, es fomentar la creación de acciones con significado en la vida cultural, la formación en prácticas y saberes, conocimientos académicos y empíricos, la democratización de la oferta de bienes y servicios artísticos culturales y de patrimonio, la investigación, la sistematización de experiencias, la profundización en saberes de la vida artística en el país, entre otras acciones.

Aunque pareciera que los recursos y los objetivos son acorde a las necesidades del sector cultural, hay que decir que estos programas no son de fácil acceso y quienes se presentan requieren de una larga experiencia, además de contar con los documentos que exige la burocracia para poder participar y ser beneficiarios de unos recursos que, como su nombre lo indica son un estímulo, más no es una solución ante la dignificación del trabajo del sector cultural.

“Entonces lo que vemos es que la construcción en términos de estatutario, protocolario, de agenda nacional sigue teniendo una mirada demasiado centralista y demasiado académica para poder territorializar un poco las oportunidades de acceder a ese tipo de estímulos que están específicamente dadas desde los estímulos, desde el portafolio nacional de estímulos y el diseño sigue siendo el copy-paste al menos de los últimos 10 años, ha sido el modelo exactamente igual” Roberto Vidal – Director del Centro Cultural Sikuwayra, TribunaLABS 2023

Como la cultura es un conjunto de saberes y experiencias, Colombia necesita una transformación cultural, en la que los valores, y los modos de vida sean reeditados para la convivencia pacífica y el buen vivir. Esto requiere de una construcción continua en la que se recoja y se reconozca a cada actor cultural.

Por eso y con el compromiso de tejer esa cultura colombiana, en aras de sanar las heridas de las desigualdades y los traumas colectivos producidos por el conflicto armado interno, se ha venido trabajando en la “Asamblea por la Reforma a la Cultura”  sobre los ejes temáticos de: 1) la dignificación de la labor de ser sujetos de derechos reconocidos, 2) El fomento de la creación, circulación y producción para activar la economía del sector, y 3) la presencia efectiva y descentralizada del Estado para reformar la participación en los Consejos de Cultura.

También se destacan los trabajos territoriales de los Consejos de Cultura, por ejemplo, en el caso de la localidad de Kennedy en Bogotá, se logró que en el Plan de Desarrollo Local (2021-2024), se asignaran 3.000 millones de pesos para fortalecer el arte y la cultura. Se estima que en Techotiba (nombre originario de la localidad) existen 96 organizaciones que se dedican a la cultura, entre las que se destaca el Centro Cultural Sikuwayra, un equipo que en alianza con la revista Tribuna Cultural, desarrollaron los #TribunaLABS, una serie de encuentros con organizaciones de la localidad para el diseño de la gestión participativa e incidente con un enfoque de género, memoria, arte y territorio.

La Cultura colombiana tiene una deuda histórica con las víctimas, con los marginados, con el artista, pues no hay garantías de derecho, ni acceso a la seguridad y soberanía alimentaria.

Por eso es necesario aprovechar el momento político que brinda un Gobierno Progresista para el avance en materia de derechos, pero también fortalecer la autonomía organizacional para que los cambios sean estructurales y no dependan del partido que gobierne, sino de la gestión de los agentes culturales en el territorio.

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