Chile, Memoria y Resistencia

La movilización social para combatir el fascismo en Latinoamérica Por: Diego De La Rosa

Fotos Por: Nicolás Pietrasanta

Lejano luce aquel 1970 cuando Salvador Allende ganó las elecciones con una coalición de izquierda en Chile. Aquel recuerdo queda opaco luego de lo que años después azotaría a aquella nación. Augusto Pinochet, el comandante del ejército chileno, aquel que lideró el golpe de Estado del año 73 y que logró impregnar la memoria de Chile y Latinoamérica.

La dictadura sufrida en el país austral entre el año 1973 y 1990, sacudió hasta lo más profundo del ADN del continente y generó una serie de movimientos sociales importantes para luchar contra los regímenes del fascismo, el neo liberalismo y la idea de gobierno ultra capitalista impuesta por Estados Unidos por aquellos años en el marco de la guerra fría con Rusia.

Los años con Pinochet al poder fueron desastrosos para el pueblo chileno que fue perseguido, masacrado, torturado, reprimido y castigado si decidía pensar distinto, tomar políticas izquierdistas, formar sindicatos o mencionar algún mensaje en contra de Pinochet y sus fuerzas militares.

Por otro lado aparecieron los medios, un arma poderosa para el control y el poder que permite moldear las ideologías y esconder los grandes fracasos gubernamentales, y es aquí donde aparece el Periódico El Mercurio, el más importante de Chile.

En el documental dirigido por Ignacio Agüero llamado “El Diario de Agustín” se evidencia la postura y la manipulación de información por parte de El Mercurio S.A.P. Propiedad de Agustín Edwards que producía El Mercurio, La Segunda y Las Últimas Noticias frente a la oposición a Allende y la dictadura de Pinochet.

Es allí donde se comienzan a tergiversar los hechos que, a pesar del fin de la dictadura en el año 90, siguen siendo material de estudio e investigación por parte de organizaciones internacionales de Derechos Humanos, historiadores y la población de Chile y Latinoamérica.

 LA HUELLA

La dictadura de Pinochet dejó marcas imborrables dentro del ADN y la memoria colectiva, sin embargo también generó fenómenos que, con el tiempo, se fortalecieron para llevar a Chile a la libertad y la democracia.

Guillermo Suárez es un sociólogo colombiano de la Universidad Santo Tomás, ahora es funcionario público en Chile y trabaja en el Instituto Nacional de Juventud. Su vida en Santiago es interesante debido a que vive en la zona cero donde se llevan a cabo las manifestaciones en la capital chilena, y desde su apartamento ha podido visualizar los acontecimientos de la lucha que lleva el pueblo chileno en la actualidad.

“Después de la dictadura, Chile fue un experimento de la nueva manera de generar una política de libre mercado, capitalismo y un proyecto de país que busca el desarrollo económico, pero en el camino se vio que el modelo neoliberal genera unas brechas sociales muy grandes (…). Desde mi experiencia los sistemas de seguridad social de Chile son muy precarios para clases populares, porque son muy costosos y todo está privatizado”. Esto dice Guillermo haciendo un análisis de la situación en Chile, a sabiendas de que la salud es muy costosa, incluso la educación pública tiene altísimos costos y que, a pesar de que Chile tiene un sueldo mínimo por encima del colombiano la vida es más cara y eso lleva a la pobreza.

“El modelo adoptado que es neoliberalismo extremo, logró una ruptura entre la realidad del país y la cúpula gubernamental y adinerada del país, todas las empresas, entidades públicas y demás seguía bajo el ideal del pinochetismo (…). Todos estos años acumulados de hambre, desigualdad y privatización llevaron al denominado ‘Estallido Social’: fenómeno de protestas masivas en Chile que comenzó motivado por jóvenes de secundaria luego de la subida del pasaje del Metro, pero que terminó escalando a una movilización larga y violenta”. Cuenta Guillermo.

Dicho estallido social generó un paro que no se detuvo entre el 18 de octubre y el 14 de marzo, momento en el que se impuso la cuarentena a causa de la pandemia de Covid 19. A las protestas se comenzaron a sumar muchos actores sociales y políticos, partidos, movimientos organizados, colectivos feministas, aseguradoras de fondos públicos, sindicatos, etc.

Esto le dio una fuerza importante a las protestas; no obstante, la postura gubernamental no fue la mejor. “Alrededor de 200 jóvenes perdieron sus ojos a causa de la violencia policial, hubo alrededor de 30 o 40 personas que perdieron la vida porque el gobierno no fue asertivo, militarizó las calles, el Presidente Piñera llegó a hablar de guerra (…). Esto es lo que sabe hacer un gobierno de derecha extrema y que viene de la lógica del pinochetismo con la guía de miembros de los Chicago Boys”. Analiza Guillermo desde su postura como sociólogo.

La rebeldía del pueblo para desafiar al gobierno cuando imponía toques de queda, hizo que la policía lo reprimiera con fuerza, hubo muertos por el uso de armas de fuego y esta ola de violencia llevó a replantear la lucha que se dirigió a revertir la desigualdad; de allí se planteó una causa dentro del pueblo: buscar una reforma constitucional con participación de la ciudadanía para acabar así con la escrita en la dictadura de Augusto Pinochet.

Esta lucha llevó al desarrollo de un plebiscito, por medio del cual la ciudadanía buscaría la redacción de una nueva Constitución Nacional. Fue así como el pasado 25 de octubre, la aprobación de la reforma fue de un 73% aplastante, un mensaje de parte de la ciudadanía que se unió y se organizó para lograr un fin colectivo consiguiéndolo a pesar de que aún falta un arduo proceso, coaliciones y trabajo.

Este ejemplo de resistencia y unión comienza a hacerse global y se puede analizar casi que a nivel internacional. Según Guillermo el mundo sufre un fenómeno de agotamiento, lo sucedido en Ecuador, Colombia, Argentina, Asia o los famosos Chalecos Amarillos en Francia no son más que la muestra clara de que la gente perdió el miedo a ir en contra de lo establecido.

“El tema de la posibilidad de acceder a información instantánea hace que la gente ya no se aguante tanto, antes era muy difícil porque uno se basaba en los medios que siempre están coartados con los gobiernos, ahora hay más información y mayor indignación”

¿Y Colombia?

Como en Chile hay una brecha enorme entre los ricos y los pobres, una desigualdad muy marcada que genera preocupación. “La calidad de vida en Chile comparada con otros países es mucho mejor, acá la línea de pobreza y extrema pobreza no es tan fuerte y vulnerada como en Colombia, acá hay otras dimensiones de pobreza diferentes al país” Cuenta Guillermo, evidenciando que en Colombia hay razones de peso para la manifestación ciudadana como derecho fundamental y como herramienta contundente de la gente en una democracia participativa. No obstante, la organización en Colombia no ha tenido la fuerza necesaria para generar cambios y ejercer la suficiente presión social; por otro, lado la violencia, el abuso de autoridad y la negligencia del gobierno han disminuido el poder de un pueblo que está cansado, pero tiene miedo y le falta educación.

La primera línea, el miedo cambiando de bando, la realidad de la nación, la pobreza, la persecución a opositores y la violencia en los campos y ciudades aumentan con el paso de la pandemia, la pobreza se agudiza, la desigualdad incrementa y la gente ya no aguanta, aun así, el terror es mayor y la ignorancia sigue siendo la principal ventaja de los poderosos.

Chile demostró lo que se logra con un pueblo que se une, se organiza y deja su vida pensando en un futuro, un importante punto de referencia para los movimientos sociales en Latinoamérica y el mundo de cómo se institucionaliza y legitima la protesta, como se hace sentir el clamor de los pueblos y como se dejan de lado las diferencias para combatir el fascismo, la dictadura y la represión.

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