Un pacto por la libertad. Una entrevista con María José Pizarro
La revista Tribuna Cultural como medio de comunicación independiente con el objetivo de fortalecer escenarios de paz, diálogo y cultura, trabajando desde el arte, el deporte, el cuidado al medio ambiente entre otros; entrevistó a la Representante a la cámara María José Pizarro, para saber acerca de sus actuales procesos en la vida política del país y toda la gran apuesta con el Pacto Histórico. Por: Diego Mauricio De La Rosa

Diego De La Rosa: Cuéntanos un poco de tu trabajo y de lo último que has venido haciendo en el tema político.

María José Pizarro: Un gusto saludarles, y agradezco la invitación que me hacen. Desde que llegué al Congreso de la República nos propusimos trabajar con un pie en el Congreso y otro en la calle. Esta curul de María José Pizarro, es una curul de la gente. Hemos venido acompañando a jóvenes, mujeres, líderes sociales, víctimas, ambientalistas en las diferentes luchas. Logramos desde el legislativo ampliar por 10 años más la Ley Víctimas, el mensaje más oportuno, necesario, dignificante que pueden recibir hoy las más de 9 millones de víctimas en nuestro país; hicimos posible la reciente ley que rinde homenaje a las víctimas de la masacre de Bojayá; además, como contribución a la paz, la reconciliación y la unidad nacional, propusimos el turismo por la memoria en destinos de interés del país, una iniciativa que fue adoptada para el proyecto de ley de Turismo.

Todo esto en un trabajo cercano y constante con las comunidades. Estamos impulsando el proyecto de ley que tiene por objeto modificar el orden de los apellidos de los niños y niñas en común acuerdo entre las parejas, siendo este un proyecto que busca reivindicar los derechos de las madres, la ley para crear un Mínimo Vital de Internet, la ley para regular el uso de la fuerza y la actuación de la Policía Nacional, la propuesta de renta básica, y trabajando arduamente con el movimiento estudiantil y profesoral en un proyecto de ley que busque reformar al Icetex.

Continuamos liderando debates y alzando nuestra voz desde el Congreso de la República contra el abuso policial, contra el asesinato de líderes sociales, trabajando con ciudadanos y ciudadanas en defensa de la Carrera 7, del agua, los humedales y cerros de Bogotá, con los estudiantes que exigen matrícula cero y una educación gratuita, pública y de calidad en el país, con las mujeres lideresas, activistas y políticas de Colombia y América Latina, al igual con el sector cultural altamente golpeado por esta pandemia.

En eso andamos, también recorriendo los territorios para inspirar y construir el Pacto Histórico.

D.D.L.R: Vienes trabajando en un proceso llamado Pacto Histórico, cuéntanos un poco de esto.

M.J.P: Creemos que el trabajo congresional se hace con la gente en los territorios, que no es solamente desde las oficinas que se construyen las leyes, que el trabajo de un congresista no es solamente debatir y hacer trabajo de control político o construir leyes en un escritorio; todo ese trabajo se enriquece con el trabajo de las organizaciones, con la ciudadanía, porque además creemos que sí estamos proponiendo a este país un Pacto Histórico, esto pasa no solamente por un pacto construido entre los políticos y políticas sino que tiene que ser un pacto con las organizaciones sociales y con la ciudadanía. En últimas lo que estamos proponiendo es recibir un mandato popular, un mandato de la gente.

Así que cuando me preguntan por el Pacto Histórico, pienso en algo muy sencillo: una Colombia donde decida y participe la gente.

Así que emprendimos un recorrido por el país, fueron alrededor de 4.500 kilómetros de la geografía colombiana en la que estuvimos compartiendo, escuchando y hablando con las comunidades de ocho departamentos, 25 municipios y ciudades y 11 localidades de Bogotá. Le estamos proponiendo el Pacto Histórico a Colombia como una herramienta, un mecanismo para salir juntos y juntas de las crisis en la que nos encontramos, de esta sin salida a la que nos han llevado después de 200 años de malos gobiernos. Invitándolos a construir una era de paz, de equidad social y por eso necesitamos que ustedes se apropien de esta herramienta, que ustedes empiecen a discutirla y a construirla desde lo local, desde lo barrios, desde las regiones, para entregarle a quienes deban dirigir los destinos de este país, ese mandato popular.

Ese mandato no es un acuerdo entre élites, ni es un acuerdo entre políticos ni entre partidos, es un acuerdo con la ciudadanía y con la gente.

D.D.L.R: ¿Cuál sería la gran apuesta de este Pacto Histórico?

M.J.P: No aplazar nuevamente nuestro futuro implica que tenemos que tomar acciones rápidas, eso nos lleva al 2022 y a fijar cuatro acuerdos fundamentales: el primero, ganar en primera vuelta; el segundo, materializar unas mayorías alternativas y progresistas en el Congreso de la República, a saber, 55 Senadores y 86 Representantes; tercero, renovar el Congreso, lograr una renovación ética y forjar una nueva forma de representación política; y cuarto, construir un acuerdo programático fuerte con la gente, desde los territorios, en los barrios, decidiendo cuál es el país que nos merecemos y hacia dónde queremos que vaya. Este no es un acuerdo entre élites, políticos ni entre partidos, es un acuerdo con la ciudadanía y con la gente.

D.D.L.R: Se habla de una izquierda en Colombia, la pregunta sería ¿existe realmente un movimiento de izquierda o ¿cuál es la intención de la actual oposición del gobierno?

M.J.P: En medio de una crisis global por la pandemia y por el cambio climático, más que un debate de izquierdas y derechas hoy hablamos de una agenda de la vida o una agenda de la muerte, y el progresismo actual requiere ponerse al frente de esa agenda, la de la vida. El reto de nuestro tiempo, la línea divisoria determina de qué lado queremos y debemos estar. En ese sentido, lo que estamos construyendo con el progresismo en Latinoamérica y con nuestra apuesta humanista en Colombia, está orientado a una política de la vida y del amor.

Por otra parte, frente a la intención de la oposición a este gobierno, la realidad es que estamos construyendo las fuerzas necesarias para pasar de la oposición al Gobierno, y es allí donde cobra sentido el Pacto Histórico, que es una invitación al país para transformar la realidad, para transformar la historia de esta nación, para ganar la presidencia y ser mayorías en el Congreso.

D.D.L.R: Tienes un gran carisma, y afinidad con los jóvenes y sus procesos socio-culturales ¿Cómo sería un país en donde los jóvenes y personas tuvieran diferentes oportunidades para potenciar sus talentos y sueños?

M.J.P: Son quienes se paran frontalmente en contra de la guerra y por la paz, por sus derechos. Los jóvenes y líderes sociales han sido los resistentes, el soporte ético y moral de la sociedad colombiana.

En 2018 y como reflejo de una sociedad que ya avanzaba en las discusiones de la paz, donde nuevos relatos ya habían entrado en las narrativas nacionales, salieron generaciones de jóvenes, no solamente a exigir educación y un futuro, sino a convocar a todos los sectores de la sociedad. Esas movilizaciones se materializaron en un paro sin precedentes en el 2019 y ese es el mandato que nos ha entregado la juventud. Ese mandato popular pasa, en primer lugar, por la unidad; es decir, todos los sectores alternativos, todos los demócratas que pongan como primera consideración el país que se merece la sociedad del futuro y el país que quiere heredar la juventud y, en segundo lugar, que hay una serie de transformaciones, de mecanismos, de luchas, de reivindicaciones que tienen que ser entendidas en su integralidad, y esas son las propuestas, ese es el mandato que nos ha entregado la juventud.

¿Qué supone el regreso a la guerra? ¿Qué supone que hayamos tenido más de 80 masacres en el último año en la que fueron asesinados mayoritariamente jóvenes? Pues estamos condenando a una nueva generación, a esa generación que perdió el miedo y decidió salir a exigir en distintos espacios en distintos territorios la posibilidad de materializar la paz.

Por eso el Pacto Histórico implica un pacto por una sociedad diferente, un pacto en donde los jóvenes y la juventud pueda crecer en libertad, donde existan oportunidades, esperanza y una posibilidad de tener un proyecto de vida. Implica además que haya una defensa férrea del ambiente, que haya una defensa férrea de la paz, esos son los mínimos para que ellos puedan construir, para que ellos puedan madurar, para que nosotros podamos envejecer y podamos todos vivir en un país diferente al que hemos heredado.

D.D.L.R: Hablan de polarización y polarizar. ¿Cómo no entrar en ese juego, sabiendo que somos un país que gran parte de su lucha armada y violencia ha sido por diferencias políticas?

M.J.P: Hemos sido una sociedad que por décadas ha luchado por construir un país en paz, y buena parte de esa construcción implica que saquemos la violencia y el discurso del odio de la política, entendernos como adversarios, entender que tenemos opiniones distintas; esto pasa por humanizar muchas veces al enemigo, por dejar de demonizarnos a nosotros como sociedad, requiere grandeza, y allí está el reto de construir un país en el que las diferencias políticas no nos sigan llevando por el camino de la guerra y la muerte.

No podemos confundir esto con la falta de criterio o la falta de opinión política, tenemos el derecho de opinar y a ejercer el derecho a la oposición, lo que necesitamos es un marco democrático para que las opiniones políticas sean respetadas para que nunca volvamos a niveles de confrontación que nos lleven a la guerra que hemos vivido como Nación.

D.D.L.R: De los ideales de tu padre ¿cuáles se mantienen dentro de tu lucha y tu enfoque político?

M.J.P: Mi padre fue un hombre generoso y profundamente respetuoso del otro, así fuera su enemigo. Rebelde y valiente. Con aciertos y desaciertos, pero con una gran capacidad de autocrítica. Un ser humano con mucha grandeza.

Hacemos una política cercana a la ciudadanía. No es doctrinaria, no es de buenos y de malos o que hable un lenguaje incomprensible, buscamos conversar con la gente desde su propia naturaleza, su realidad y cotidianidad. Lo siguiente es intentar recuperar valores que a veces están alejados de la política como la alegría o el cariño, estamos en un ejercicio de retornarle la credibilidad a la política, es un proceso arduo… Yo heredé de mi padre la libertad de pensamiento, su rebeldía, el amor por mi país, el honor, la ética, y otros que parecen desterrados de la política.

D.D.L.R: La historia del país se viene repitiendo gobierno tras gobierno, corrupción tras corrupción, escándalo tras escándalo, y aquí no pasa. ¿Por qué podríamos esperar que el Pacto Histórico, las propuestas y todo este discurso al final no quede en promesas incumplidas, desviación de ideales, en pocas palabras que la historia cambie de bando y se repita?

M.J.P: Después de recorrer tantos y tantos kilómetros, de hablar con cientos y cientos de personas, de recorrer comunidades, regiones, geográficas colombianas; en primer lugar entendemos que la gente nos está pidiendo que actuemos con grandeza, que actuemos con generosidad, que actuemos con madurez política, pero también que podamos conjuntamente construir y apoderarnos de nuestro futuro; es decir, empezar un proceso de construcción colectiva, un proceso de construcción social que pueda permear todas las esferas. Hablamos de un acuerdo programático, porque decimos que la gente tiene que construir ese pacto, porque precisamente, si queremos que sea un gobierno progresista y popular, un gobierno mío, un mandato que yo ayudé a construir, entonces yo tengo como exigirle a ese gobierno que cumpla, porque usted lo construyó conmigo, porque es mío, no es de equis partido político, es mío, es de la ciudadanía y por fin yo estoy construyendo el país que me sueño y me merezco. De eso se trata la esperanza, la esperanza está porque entonces yo puedo pedir que se materialice, porque yo contribuí, porque yo hice parte de sembrar y de regar eso que se ha venido construyendo.

Aquí se trata de que tenemos una oportunidad, no vamos a tener esta oportunidad en 30 años, de poder construir esa Colombia que nos merecemos, por la que han luchado generaciones, por la que estamos luchando nosotros, y además frente a una juventud que hoy exige la posibilidad de una Colombia diferente, esa posibilidad es hoy, esa posibilidad es mañana y tenemos que hacerla todos y todas juntas, todas las personas que amamos este país, todas las personas que creemos que nos merecemos ese futuro diferente, todas las personas que creemos es posible una Colombia a la altura de nuestros sueños.

D.D.L.R: ¿Qué les dirías a este tipo de personas que confunden con discursos inventados, poco sustentados y argumentados como “Castro-Chavismo”, “Petro-Madurismo” y demás que aparecen por ahí?

M.J.P: Hay que decir que estos son términos inventados por la derecha y por ciertos sectores políticos para engañar a la gente, para estigmatizar el pensamiento diferente. A ellos hay que invitarles a que conozcan nuestras propuestas para la transformación de este país y la idea de nación que nos convoca, a que nos conozcan incluso como personas y seres humanos. También decirles que no nos queremos parecer ni a Cuba ni a Venezuela, lo que creemos es que podemos ser un país como algunos grandes referentes en el mundo donde se garantizan los más mínimos derechos. Nosotros no queremos parecernos a sociedades empobrecidas, por los motivos que sean, sino a las mejores sociedades del mundo, y tenemos derecho de pensar así, y podemos construirlo, es posible, ¿Quién nos dijo que estábamos condenamos a la guerra y a la miseria?

D.D.L.R: No se trata de que nos guste la política, pero desde ahí definimos nuestro futuro. ¿Cómo lees el panorama a 10 años en Colombia, en donde la memoria parece escasa, la abstinencia política es alta y parece no importarnos como sociedad lo que pasa con nuestros compatriotas asesinados como líderes sociales exguerrilleros, injusticias, inseguridad entre muchas más?

M.J.P: Luego de nuestro recorrido lo que vemos que ya viene, incluso de tiempo atrás, son los vientos de cambios y transformación. No solamente en el continente sino en nuestro país.

Desde las movilizaciones campesinas, estudiantiles, urbanas, el paro del 2019, todas estas manifestaciones han demostrado la madurez del movimiento necesario para pensarse un país distinto. Al contrario de las voces pesimistas, estamos afrontando un momento de inflexión, un momento de cambio que creo firmemente se va a materializar en el 2022. Vemos en la gente y las organizaciones sociales y políticas, la madurez y la fuerza para alcanzar en el 2022 la presidencia, ser mayoría en el Congreso y transformar todas las cosas que durante décadas hemos querido transformar. Yo veo que es un panorama posible, que sin importar lo que pase en adelante, ya las cosas no volverán a ser igual.

Tenemos un a juventud activa, a las mujeres en un movimiento por nuestros derechos y por ocupar la política ya en ascenso, tanto en Colombia como en el continente; así que el país ya se está transformando, ya hay una nueva nación que está naciendo y que para los próximos años espero logremos consolidar nosotras también, las nuevas generaciones, la juventud que ha perdido el miedo, la conducción de este país, llevarlo por un mejor destino al que los malos gobiernos y las élites políticas lo han llevado después de siglos de gobernanza.

 

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