La Fotominutera, Fotografías del Pueblo y para el Pueblo

Existe una historia poco conocida; que se desenvolvía en las calles del mundo, para ser más exactos en parques, plazas y espacios públicos comunes; una historia como muchas en las calles, que nos relatan el comienzo de muchos procesos artísticos, en este caso el fotográfico. Y es que con el desarrollo de las nuevas tecnologías y los dispositivos móviles, hacer fotografías se convirtió en algo común. Para no ir más lejos, según internetlivestats.com cada 60 segundos se suben 45.000 fotos a Instagram. La fotografía hoy día se convirtió en instantánea, dejando de lado el clásico proceso de revelado en el cual se utilizaban químicos y papel para obtener la imagen capturada.

Por: Diego Felipe Martínez M

Todo esto da para revelar historias que sucedían en la rutina del día a día, en las ciudades y sus calles; historias de cuando la fotografía se empieza a usar por toda Europa, cuando la sociedad empieza a atesorar un “dibujo con luz” de la realidad. Es entonces cuando personas del común acceden a un aparato fotográfico de cajón, o hacen una copia “hechiza” del mismo. Ya que los aspirantes a hacer fotografía que pertenecían al común, no contaban con el dinero para adquirir los accesorios necesarios para un estudio fotográfico. Estos, son los inicios de la fotografía minutera o fotogüita, que aparece hacia finales del siglo XIX y principios del siglo XX. La fotografía del pueblo y para el pueblo, ya que nace de la mano de las clases menos favorecidas, fomentándose en plazas, parques, andenes, bulevares para las personas que no tenían acceso a que las retrataran en un estudio con los implementos mínimos requeridos para el proceso. Los estudios fotográficos de la época eran sitios que estaban equipados con las claraboyas, luces, cámaras, laboratorios y demás implementos necesarios para la producción fotográfica, y no todos tenían acceso a ellos.

La importancia de ese método fotográfico, radicaba en poder narrar la historia del ser humano del común, hoy quizás los recuerdos olvidados en un viejo álbum, que llegaron a tocar las fibras más sensibles de la sociedad. El arte en un principio fue para las elites, burgueses y religiosos; la fotografía no fue aparte a este proceso, gracias a esta práctica, se decía del fotógrafo minutero, el fotógrafo de los pobres.

 Y bueno, ¿cómo funciona esta Fotominutera? Los minuteros utilizan una caja de madera adaptada como laboratorio de química fotográfica. En la misma cámara se encuentran los líquidos, el papel y la óptica haciendo de esta una caja para producir magia. Normalmente, la fabricaban ellos mismos, o la mandaban a manufacturar a un carpintero. Esta cámara permitía realizar en diez minutos y sin moverse del parque, o del sitio escogido, una fotografía negativa y su positivado en blanco y negro. 

En la actualidad encontramos pocos fotógrafos minuteros en el mundo, siendo España el país que más conserva esta tradición en Europa y Argentina, junto con Brasil, en Latinoamérica. En el caso de Colombia, el fotógrafo Ricardo Hernández de la ciudad de Bogotá, es uno de los que rescata el oficio, construyendo cámaras y experimentando con la imagen fotográfica resultante de la fotoagüita.

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