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Por: Julian Riaño

La crisis mundial derivada de la pandemia por el virus Covid- 19, nos dejó vulnerables y mostró falencias en los diferentes países y sus sistemas de salud, atiborrándolos y causando una crisis sanitaria.  

Dentro de las prevenciones, el uso del tapabocas se volvió una realidad para todos, una nueva norma para evitar la propagación de este virus que en su momento y sin vacunas, fue mortal para millones de personas.
Si bien algunos recomiendan las mascarillas de tela hechas en casa reutilizables (siempre y cuando sigan las recomendaciones de higiene y se laven después de cada uso) para muchos, la opción más simple es la mascarilla quirúrgica o tapabocas desechable con vida útil de 8 horas.
En su momento, al inicio de la pandemia la Universidad de los Andes publicó un Policy Brief sobre el uso de tapabocas que exponía que “no hay evidencia suficiente para recomendar a favor o en contra del uso generalizado de tapabocas para disminuir la transmisión de COVID-19”.
Esto en vista de que la información analizada y validada no correspondía en estricta medida al caso del coronavirus 2 (SARS-CoV-2), sino a casos de otras enfermedades respiratorias; por tanto, afirmaban que, “aunque los resultados son mixtos y algunos estudios no encontraron reducciones estadísticamente significativas, el tamaño del efecto reportado típicamente varía entre una reducción del riesgo relativo del 10% al 50% en la incidencia de infecciones respiratorias”
Con el tiempo y con el uso obligatorio del tapabocas, los gobiernos fueron atribuyéndole a éste cada vez más su carácter preventivo y acogieron la medida como uno de los pilares de los protocolos de bioseguridad que impedía la propagación del virus, de modo que, tanto la producción como el consumo del tapabocas tuvo un incremento notable con relación a su uso tradicional.
En ese sentido y en consecuencia del retorno a actividades y la demora en la producción de la vacuna, “se originó una nueva amenaza para el medio ambiente: miles de tapabocas invadieron las basuras y océanos de todo el mundo, provocando una vez más la alteración de los ecosistemas orientándolos a su destrucción”. Como se menciona en una nota publicada por Forbes México.
Según cifras de Greenpeace, para el 2020 se desecharon 129 mil millones de tapabocas en el mundo y unos 65 mil millones de guantes quirúrgicos. Recordemos que, al inicio de las cuarentenas, diferentes ecosistemas tomaron un respiro del contacto humano al estar estos en confinamiento; no obstante, con el paulatino retorno de las actividades humanas fuera de casa, esto quedó como simple anécdota y el impacto negativo del tapabocas a escala ambiental y la deficiente pedagogía sobre su reciclaje resultó siendo contraproducente.
Es por esto que la asociación francesa Operación Mar Limpio dice que esta situación es nueva para el mundo por tratarse de tapabocas; sin embargo, es una muestra del mismo retroceso donde se acumulan los desechos plásticos, “producido por una cultura mundial de “usar y tirar” agravada por una tasa de reciclaje poco significativa”; bajo esta lógica se entiende que para final del 2020 el aumento de la producción de plástico de un solo uso fue de 75% a nivel mundial, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Debido a esto, en Colombia surgió mucha información sobre cómo desechar estos residuos, pero ninguna que mostrara cómo evitar que no fueran sólo desechos, ni alguna forma de reciclarlos o de deshacerse de ellos sin generar desperdicio e impacto ambiental devastador. Es ahí cuando algunas organizaciones ambientalistas comenzaron a idear formas para el tratamiento de reciclaje de tapabocas y material quirúrgico desechable.
Como Ser Marea, Boxlife, entre otras; esta última, por ejemplo, recoge los tapabocas desechables y les da un segundo uso al desinfectarlos a través de radiación ultravioleta UV-C, “que funciona con una longitud de onda de 254 nanómetros, destruyendo el ADN de bacterias, virus, coronavirus, mohos, hongos y ácaros;” presentes en estos y posteriormente a transformarlos en otros productos, como reglas, escuadras, ganchos, soportes para celulares, entre otros.
Actualmente se encuentran en el reto 100, que consiste en recoger 100 millones de tapabocas poniendo de manera estratégica cajas de cartón como puntos de recolección, para que los depositen ahí y puedan ser reciclados.

Foto: Archivo de Instagram Boxlife 

La misión de Boxlife es crear conciencia sobre el valor de un modelo de economía circular, bajo la convicción de que la basura no existe, porque es posible transformar los residuos en recursos valiosos para la protección del medio ambiente. Además, planea para el 2030 ser aliados estratégicos de las organizaciones que apuestan por una visión ecológica, para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), bajo la consigna de actuar con urgencia de vida.
En general, lo que se plantean este tipo de organizaciones es reducir al mínimo el impacto de desechar tapabocas que al irse degradando liberan toxinas que una vez ingeridas por animales acuáticos entran en la cadena de alimentación y se propaga la contaminación; también, suelen quedarse atrapados entre los elásticos lo que les ocasiona asfixia y les impide alimentarse correctamente y llegar al punto de la inanición, desencadenando secuelas nefastas para el medioambiente.
De modo que el agua, la fauna y el entorno bioenergético en general, se ven profundamente afectados por el desconocimiento de las personas sobre el manejo adecuado de estos desechos que, como método preventivo para contraer enfermedades respiratorias ha surtido efecto, pero como producto de consumo masivo ha ocasionado una huella de contaminación en crecimiento.
Se debe coincidir en que la prevención de la salud humana debe estar directamente relacionada con las condiciones plenas de un medioambiente saludable, lo que implica no ocasionar enfermedades o emergencias sanitarias futuras por la falta de consciencia sobre cómo reciclar y reutilizar estos productos desechables.
Ahora que paulatinamente se ha ido levantando la obligatoriedad del uso del tapabocas, se espera haya una reducción en las cifras de contaminación alarmantes y un aprovechamiento de los residuos existentes para minimizar su impacto negativo en los ecosistemas del planeta.
Infórmate y concientízate sobre cómo reducir tu huella de contaminación, a través del reciclaje y el aprovechamiento integral de residuos plásticos. Cuidar nuestro hábitat es fundamental.
Para que las empresas, conjuntos residenciales, colegios, universidades puedan adquirir las cajas BoXLife y cómo recolectar los tapabocas, deben enviar un correo al email servicioalcliente@cargokgreen.com o un mensaje al WhatsApp 314 6252583 y se les enviará una guía de cómo hacerlo.

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