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Entre la doble moral de una economía ecológica

por | Oct 4, 2021 | Desarrollo Sostenible

“El capitalismo es incompatible con la vida”

Por: Gabriel David Usma Muñoz
Conforme pasan los años y la transformación del mundo se vuelve más llamativa para el humano, la economía y distintas actividades del diario vivir evolucionan paralelamente con la aparente intención de sanar o apaciguar una grieta marcada por la excesiva explotación terrenal y la descomunal contaminación, haciendo que el capitalismo en el que estamos inmersos, una vez más transmute y se proyecte a maximizar las ganancias de producción, esta vez enfocándose en la naturaleza, vendiendo la idea de Economía Verde o Eco Capitalismo como la solución y único camino posible hacia la mejora de la crisis ecológica y un sistema de mercado en el que la doble moral aflora sin vergüenza alguna.

Este nuevo concepto surge desde la intención de hacer las prácticas de producción sostenibles en un medio ambiente afectado, lo que conlleva “aparentemente”, a beneficios en actividades humanas tan simples como respirar y se supone que frena las constantes amenazas que sufre el ecosistema.

El capitalismo verde es tomado como un discurso armónico que aborda los intereses y necesidades del medio ambiente, contribuyendo a forjar un movimiento que limite las intervenciones del Estado en temas económicos, enfocándose en guardar, asegurar o retener más capital, lo que conlleva el aumento de la brecha que separa a ricos y pobres, generando que el control de la economía, tecnologías y territorios esté a cargo de un reducido grupo que domina los individuos para mercantilizar el todo, evidenciando un impacto social negativo que repercute en el ambiente.

“El principal instrumento de este mecanismo es la publicidad, que puede ser considerada como la fuerza de educación y de activación capaz de provocar los cambios de la demanda que son precisos para que el sistema capitalista siga funcionando a pleno rendimiento. Por su parte, los ciudadanos pierden su rol de tales para convertirse en simples consumidores que están al servicio de la producción para asegurar de ésta las salidas que reclama. Asimismo, el consumidor se ve en la obligación de adaptarse progresivamente a los requerimientos de las producciones que las modificaciones de los cambios tecnológicos señalan como las más rentables”, así lo expone el texto, La ecología y el desarrollo sostenible frente al capitalismo: una contradicción insuperable, de la Universidad de Alicante, escrito por José Antonio Segrelles.

La estrategia de Capitalismo Verde está impulsada por “proyectos agroindustriales disfrazados de un discurso de políticas de lucha antidroga, proyectos de desarrollo sostenible o para desplazados y reinsertados de la estrategia paramilitar, políticas de restitución de tierras para víctimas y para la mitigación de los efectos del invierno y de cambio climático, entre otras”, así define este modelo la CEPAL en su informe Capitalismo Verde, la otra cara del mismo modelo.

“El Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA) reconoce que ir hacia una economía verde no es tarea fácil, por lo que se requiere de las intervenciones de los sectores público y privado para la realización de fuertes inversiones, que seguramente tendrán que buscarse más allá del ámbito local y recurrir a las fuentes de cooperación técnica y económica internacional. También se requiere de un conjunto de políticas públicas que promuevan la transición, pero que también amortigüen los ajustes que se deriven de la transición”, así lo plantea la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (ONUAA / FAO).

 Para ir por la senda activa del cambio ecológico, se entiende al reciclaje como la actividad sobresaliente, básicamente esta se estableció en el día a día de la vida humana y ha tenido tal visibilidad que los países han optado por regularla y adaptarla a sus normativas; en Colombia, por ejemplo, el 78% de los hogares no reciclan, por lo cual, el 1 de enero del 2021 empezó a regir la Resolución 2184 de 2019, el código de colores blanco, negro y verde para la separación de residuos en la fuente, y la Resolución 1407 de 2018, reglamentación ambiental para la gestión de residuos de envases y empaques de papel, cartón, metal, vidrio y plástico, implementadas por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la mano con el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio.

Claramente estas normativas buscan aprovechar materiales a los cuales se les puede prolongar su uso, ya que según datos del Departamento Nacional de Planeación (DNP) para el año 2019, el país generó 12 millones de toneladas en residuos, de los cuales solo el 17% aproximadamente fueron reciclados, razón suficiente para poner en práctica la cada vez más resonante regla de las tres erres; reducir, tratando de consumir menos, reutilizar, usando por completo esos elementos que ya tenemos y por último reciclar, rescatando el material para convertirlo en un producto nuevo.

Más allá de la regulación y el aprovechamiento del material, la dinámica surge como respuesta resolutiva al mensaje brindado por este capitalismo, lleno de mentiras tapadas con proyectos y dinámicas que aparentemente benefician, pero simplemente mantienen creando estrategias entorno a los gases efecto invernadero, la energía hidroeléctrica, la deforestación y los agrocombustibles, siendo estos la preocupación principal del ambiente.

En países como Brasil, China y Estados Unidos, se produce mayor cantidad de residuos que representan cerca del 30 % de los residuos globales, según indicó la organización británica Verisk Maplecroft en un estudio realizado en el año 2019.

Según el último informe de Plastics-the Facts en diciembre de 2020, para el 2019 la producción de plástico en el mundo fue de 368 millones de toneladas, de las cuales el 3% corresponde a la Comunidad de Estados Independiente (CIS), 4% a América Latina, 7% Medio Este y África, 16% Europa, 19% al Tratado de Libre Comercio de Norte América (NAFTA) y, por último, el 51% Asia, del cual el 31% pertenece nada más a la producción China.

Cifras incomprensibles que a lo largo de los años han tenido planes de contingencia como el Acuerdo de París, firmado en 2015 por 184 países e implementado para hacer frente al cambio climático y dar inicio al desarrollo de un futuro sostenible, es de aquellos pactos que países  industrializados como China, Brasil y Estados Unidos integran y promueven con campañas y movimientos, pero que no aplican debido a la ambición generada por las energías renovables, la masiva producción textil y la deforestación descontrolada que conllevan consigo una emisión abismal de dióxido de carbono (CO2), afectando negativamente el clima y alejando los fines que apoya el acuerdo; ninguno de estos países cumple el acuerdo y gracias a los informes anuales se evidencia que sólo el 20% de los 184 países cumplen con los compromisos.

Por otro lado, National Geographic (Natgeo) se ha dado a la tarea de brindar datos sobre el plástico, teniendo en cuenta que es improbable visualizar una vida excluyéndolo, aunque el reciclaje está en su auge para reducir el impacto medioambiental, informan que el 90% del plástico del mundo se da a partir de combustibles fósiles como el petróleo, además anualmente 8 millones de toneladas de residuos plásticos acaban en los océanos y para hacer más impresionantes los datos, se dice que sólo una botella de plástico podría tardar entre 450 a 1.000 años en descomponerse, en sí, un ciclo de contaminación que parece eterno.

Uno de los hechos que le da fuerza al punto de vista que analiza la doble moral del sistema capitalista para el beneficio de producción, es el sucedido en el Golfo de México, catástrofe causada por el crudo, petróleo, compuesto de hidrocarburos que ha dominado la industria y genera una riqueza inconcebible; en 2010 la ruptura del pozo Deepwater Horizon causó consecuencias que al día de hoy aún no se han podido aliviar, debido a que cerca del 50% del crudo se mantuvo en el fondo del mar, acabando con la vida marina.

Este acontecimiento tuvo como propósito principal la explotación, ganancia y beneficio económico, luego de que se diera a conocer la negligencia profesional que desembocó en la muerte de 11 individuos, arriesgando la vida por producir 14.000 barriles al día como lo dicen los informes internos de la petrolera British Petroleum (BP), de los cuales comunicaban tan sólo el origen de 1.000 barriles diarios para no tener problemas con el Comité de Independencia Energética y Calentamiento Global de la Cámara de Representantes.

Resulta evidente cómo este tipo de actividades que producen ganancias inconcebibles, son causadas por empresas y negocios que llevan el discurso de cambio o mejora unido a su mal obrar, haciéndolas precursoras de daños al ecosistema y perjudicando la vida humana como consecuencia de sus actos, entendiendo que su desarrollo es nocivo, derivan a la vez como soporte del variado análisis realizado por Segrelles:

“El principio de cuanto más mejor, que subyace en las prácticas de acumulación de la economía de mercado, se manifiesta no sólo inviable en un sistema ecológico limitado, sino también desajustado, miope y torpe. Por eso, la unificación del espacio económico mundial en los moldes capitalistas y el saqueo sistemático del proceso industrial contra la naturaleza y los seres humanos motivan que el capitalismo sea claramente incompatible con la vida”.

Por otro lado, en la actualidad, lo que el virus de la COVID-19 no hizo para los seres humanos, lo hizo para el medio ambiente y los ecosistemas, apaciguar, tranquilizar y mejorar así fuese un poco las condiciones, frenar las industrias que mantuvieron en constante actividad durante años, imposibilitar el comercio ilegal de fauna, disminuir la contaminación en las vías y el aire, son algunos de los beneficios al parecer efímeros que trajo la pandemia; la pérdida de lo que no se pudo producir por parte de las industrias y los encierros causante de problemas y prohibiciones del consumismo en la calle, permiten analizar y dictar un pronóstico negativo y amenazante para el planeta, debido a que todo lo que no se pudo hacer se hará en mayor cantidad cuando la circunstancia lo permita.

“Si alguien pretende la solidaridad con la naturaleza y con los individuos, la dignidad para los seres humanos y el respeto hacia la vida en cualesquiera de sus manifestaciones, por supuesto no debe buscar en la lógica ni en la cultura del capital. El capitalismo amenaza todos los valores sociales democráticos y pone en riesgo el futuro de las sociedades humanas. Tanto como modo de producción como por lo que respecta a su dimensión cultural, el capitalismo hace inviable la ecología ambiental y social. Si triunfa el capitalismo, acaba con la ecología y pone en riesgo el Sistema-Tierra, aunque si gana la ecología, entonces destruye al capitalismo o lo somete a unas transformaciones que no permiten reconocerlo como tal”, asegura firmemente José Antonio Segrelles, sobre lo incompatibles que son la ecología y el capitalismo.

Se cree que los beneficios de implementar una economía verde tienen proyección a ser evidentes a mediano y largo plazo, pues las mejoras ambientales y sociales no se dan al instante, aun así, la búsqueda de la sostenibilidad es la propuesta a un cambio que se predica y parece ser adoptado por un gran porcentaje social, pero en realidad termina obteniendo una aplicación nula dadas instancias donde se prioriza el capital y no la vida, no importa que tan malo sea el panorama siempre puede estar peor, el negocio de los que ya controlan todo está en querer más a toda costa.

Por todo lo anterior, es evidente que resulta beneficioso para las empresas y países dominantes como Estados Unidos y China, hablar y promover un capitalismo entorno a la naturaleza, haciendo que las personas se concienticen y realicen un trabajo que ellos no están dispuestos a realizar, el cual sólo apoyan con discursos, pero sin acciones, dejando sin importancia la carga de contener un daño que ellos causan, la industrialización con el petróleo y la contaminación del plástico no acabarán hasta que otra actividad domine el mundo y las ganancias sean evidentes; nada es como lo muestran, detrás de cada acción hay un objetivo y este mismo no ha parado de perjudicar el medio en el que la vida se desenvuelve.

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