Por: Carlos Felipe Bravo

Desde que La Equidad y Deportivo Pasto igualaron 1-1 en el Estadio Metropolitano de Techo el pasado 10 de marzo, la pelota dejó de rodar en el FPC a causa de la pandemia de COVID-19. Para ese entonces la Liga BetPlay 2019-I completaba ocho fechas disputadas y tenía a Nacional, Pasto, Santa Fe y Tolima como los cuatro equipos parcialmente clasificados a las semifinales del torneo. 

Ayer, 9 de julio, después de 120 días de ‘parón’, el retorno del balompié nacional por fin parece ver luz al final del túnel con el regreso a entrenamientos -así sean individuales- de Atlético Nacional en su sede Guarne, Antioquia. 

El proceso para un futuro regreso del fútbol en Colombia ha tenido bastantes obstáculos. Si bien el retorno de las ligas europeas demostró que es posible hacerlo de forma segura, la realidad local, principalmente en los aspectos dirigenciales y económicos, es totalmente diferente a la del viejo continente: Aquí, al parecer, no hay ni plata ni estructura. Allá, si. 

Al inicio, con el fin de acelerar el proceso, voceros de Dimayor y periodistas del canal de transmisión oficial trataron de poner presión al Gobierno Nacional. Este último, representado por el ministro del deporte Ernesto Lucena, pidió un protocolo de seguridad que luego de ser aprobado, sería la hoja de ruta para el regreso a las actividades futbolísticas. 

Efectivamente los responsables del fútbol profesional en Colombia diseñaron un protocolo de seguridad que, luego de varias objeciones y aclaraciones, fue aprobado por el Ministerio del Deporte a mediados de junio. Sin embargo, aunque el documento oficial habla de un estimado de siete semanas para la reactivación (o menos, dependiendo de la efectividad de ejecución) , Jorge Enrique Vélez, presidente de Dimayor, anunció que el retorno a las actividades no sería antes de septiembre. 

Entonces ¿cuál era el afán?

Para desgracia de quienes lo gobiernan, la pandemia expuso el estado real de la estructura del fútbol colombiano: una cuadrilla de dirigentes -más bien políticos- que se atacan unos a otros, dineros de supuestos acuerdos que no aparecen, clubes que tuvieron que suspender contratos, clubes con salarios atrasados, liga femenina embolatada, etc. 

Viendo este panorama de crisis se entiende el porqué del retraso en el regreso del fútbol colombiano a pesar de tener los protocolos aprobados. Con tanta escasez, pareciera que a muchos equipos -o a la Dimayor en general- les resulte más rentable no jugar. Pero claro, y por fortuna, eso los patrocinadores y los dueños de los derechos de televisión no lo van a permitir. 

A pesar del escenario complicado, y aunque otros se quejen por ‘Fair Play’, algunos equipos ya se empezaron a mover. Es que como dicen por ahí: “al que madruga, Dios le ayuda”, y a eso le apuestan en clubes como Atlético Nacional o Deportivo Cali que se adelantaron a la toma de sus primeras muestras PCR y ya pueden comenzar entrenamientos de forma individual. 

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Por ejemplo, mientras que los dirigidos por Juan Carlos Osorio ya hacen trabajo físico en cancha, otros clubes hasta ahora están adecuando sus sedes para el regreso de la actividad futbolística. Y disculpen, pero con lo que se ha visto en cuanto a nivel de juego y capacidad física durante el retorno de las ligas europeas, cualquier día de trabajo extra es ganancia. 

Es que además del campeonato local, la cuestión trasciende a niveles Conmebol. Según han confirmado medios internacionales, el máximo ente del fútbol sudamericano ya estableció el 15 de septiembre como fecha de regreso de la Copa Libertadores y el 27 de octubre la vuelta de la Copa Sudamericana. En Brasil ya están jugando, en Ecuador harán lo propio a finales de julio y ¿en Colombia? Bien, gracias. 

Aunque el panorama es similar en toda la región, el fútbol colombiano atraviesa por un momento muy delicado y la pandemia lo ha expuesto todo. A la crisis de Dimayor anteriormente mencionada hay que sumarle la creciente falta de interés del público por la liga local, los escándalos por corrupción de la Federación, una infraestructura atrasada y el bajo nivel que han presentado las selecciones juveniles de los últimos años, entre otras cosas; todo a raíz de manejos dirigenciales que dejan mucho que desear.

Para no ir muy lejos habría que revisar el comportamiento de los clubes colombianos a nivel internacional durante el último par de años. Definitivamente los triunfos continentales de Nacional y Santa Fe parecen lejos de repetirse. No hay que olvidar que al fútbol colombiano le ha costado bastante, incluso 16 años sin Mundial, volver a competir dignamente a nivel internacional. No lo echemos a perder. Que esta pandemia reveladora sirva para corregir.

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