8M, acciones directas y feminismo periférico

“Es cierto que romper un escaparate no es un argumento; pero si la opinión pública, sorda a los argumentos, sólo es sensible a los escaparates ­rotos ¿Qué hacer? Romperlos, evidentemente”. Madeleine Pelletier (1874-1939)

Por: Diana Aguilar

Cada vez les es más claro a hombres y a la sociedad en general que el 8 de marzo no es un día para celebrar las bondades de ser mujer, en cambio sí, conmemorar y honrar a todas las mujeres valientes que han dado su vida y ratificado su dignidad por defender nuestros derechos, legado combativo y la exaltación de luchar. Si nos remontamos a su origen, se debe saber que fueron huelgas de mujeres las que marcaron el inicio de la conmemoración del día de la mujer, donde ellas en su legítima defensa y honra protestaron por un salario justo y condiciones laborales dignas y tras ese legado, hoy en día las mujeres marchamos para pedir justicia por todas las violencias que nos atraviesan. Por los feminicidios, la redistribución de los cuidados del hogar, la paridad, el trato justo y equitativo en el escenario económico y laboral, por vivir en espacios seguros libres de toda violencia.

A un año de enfrentarnos a la crisis causada por la enfermedad Covid-19, el 8M 2021 encara su lucha feminista poniendo en el centro del debate la economía solidaria y el cuidado del hogar ¿Cuánta importancia yace en diagnosticar esta relevancia y cómo nos compromete para superar la inequidad patriarcal que devela en la pandemia?

La virtualidad ha permitido que converja una reflexión colectiva en torno a las economías feministas de acuerdo a las experiencias y alternativas del sur global, haciendo hincapié en sus incertidumbres; reflexión que permitió desde la confluencia de los feminismos a hacer un diagnóstico de la pandemia y hacer de dichos espacios colectivos y virtuales una entrada crítica a poner en disputa y cuestionarse la “nueva normalidad” desde la práctica solidaria y horizontal. Foros, encuentros, conversatorios y demás sirvieron para hilar que el avance de la pandemia pone cada vez más en evidencia la precarización del trabajo de las mujeres, la inequidad en el poder corporativo, la violencia, los feminicidios y transfeminicidios, el racismo y la xenofobia, el ecocidio y el extractivismo; entre otras.

Estos mecanismos sirven de mucho a quienes desde la teorización propenden pensarse las circunstancias causales de los problemas que enfrentamos las mujeres, pero en medio de las restricciones de movilidad y circulación entre barrios y ciudades se debe rescatar la importancia de los feminismos en las experiencias locales; iniciativas solidarias en atención a las necesidades más urgentes de alimentación, salud y espacios seguros que han sido indispensables para entablar un vínculo directo con el quehacer feminista y la realidad implacable que viven cientos de mujeres. Y es allí donde las colectivas populares ejercen el carácter activo de descentralizar el activismo feminista, y debido a lo que aquí nos convoca les traemos dos apuestas que desde el feminismo popular nos cuentan su incidencia barrial y las acciones directas y pedagógicas que realizan.

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Aquelarre Techotiva es una organización feminista popular que reivindica el carácter ancestral y periférico de la localidad Kennedy en Bogotá, y a propósito de lo que hacen nos cuentan que “Ha sido una experiencia llena de aciertos y tensiones, desde el comienzo hemos querido tener impacto para que el mensaje en contra de la violencia machista sea receptivo, lo cual ha implicado performance, empapeladas, acciones rituales, espacios artríticos y demás. Sin embargo, la experiencia en el territorio y el diálogo con otras mujeres ha permitido que estas acciones entren en debate y puedan ser leídas desde otras miradas, vinculando a la población del territorio en las acciones colectivas, como la realización de otro tipo de material en el que participe activamente la comunidad; hablamos de fanzine, cartillas, juegos y audiovisuales. Además, la perspectiva popular permite tener una visión interseccional* que cuestione las relaciones de poder basadas no sólo en el género, sino desde la clase y la raza; es la construcción de identidades locales que dialoguen horizontalmente con ese centro, es potenciar acciones en nuestro territorio, es hacer análisis más pertinentes para nuestro contexto, es reconocernos como agentes, es resignificar la periferia y construir desde allí”.

Dentro de la multiplicidad del feminismo, la pluralidad territorial es trascendental; descentralizar los escenarios de debate, manifestaciones, concentraciones, focos de estudio y acciones propenden a horizontalizar las condiciones de por sí heterogéneas de las mujeres, por lo cual es importante que el mensaje de denuncia, repudio, pedagogía y rutas de atención sea llevado a los barrios, lo que hace contundente el accionar feminista periférico. Es allí donde propuestas como las de La Fémina Direkta amplían dicho horizonte, pues como colectivo de comunicación alternativa y popular, su prioridad es articular experiencias colectivas de diferentes organizaciones locales y regionales del país para visibilizar, informar y denunciar los hechos de sus territorios que medios hegemónicos no comunicarían.   

“El feminismo popular no es otra cosa que regresar a nuestros pasos para comprender nuestra realidad. No obstante, también es popular porque se reconoce en las mayorías de las mujeres violentadas por las formas más sistémicas del patriarcado: el económico que crea clases y aumenta la brecha de género, el cultural que estereotipa y nos sitúa como objetos y el político que nos ha invisibilizado y ha mandado sobre nosotras, sin nosotras”. Exponen.

Dentro de todo este abanico, las redes sociales son parlante y altavoz para denunciar la violencia patriarcal y el acoso machista desde las cuales se tejen redes de sororidad, aun así, también son una herramienta ambivalente para el feminismo, dado su exasperante “cacería de brujas” que demerita actuares y resistencias; por ejemplo, la acción directa que es una de las tantas expresiones de la lucha feminista. Están las de carácter radical y anarquista y unas de corte cívico, entre las primeras se dice que responden a un desvío de las formas socialmente aceptadas para protestar, de modo que los días de movilización sugieren agitación y contundencia, además de reclamar que sus exigencias sean escuchadas y al no encontrar canales activos por las vías institucionales, lo que sugiere -la movilización- es confrontación y desobediencia civil; éstas acciones directas pueden ir desde performances, pintas a monumentos históricos y destrucción y quema de espacios públicos. Para el feminismo es claro que ante sus demandas ignoradas y minimizadas insertas en un estado de cosas pasmado, su forma de protestar contra la violencia patriarcal: feminicidios, misoginia, acoso y abuso sexual, el machismo; entre otros, hay innumerables formas de hacerse escuchar y ver, siendo allí cuando indigna más un monumento pintado, la puerta de una iglesia quemada, unas tetas al aire o un rostro cubierto, que las cifras alarmantes de la violencia en contra de las mujeres y la impunidad sobre la mayoría de los casos.

Para La Fémina Direkta quienes hacen cubrimiento de acciones en la periferia de la ciudad “La acción directa es una vieja práctica anarquista que devuelve el poder, en el sentido del verbo, a las manos de ‘los y las de ruana’ y por eso es incómodo ante lo hegemónico. Planteamos la acción directa comunicativa como una pequeña contribución a romper los cercos mediáticos que se crean por los medios masivos, pretendemos acercarnos a otras verdades, otras versiones y a otras formas de contar desde las calles, los campos, las selvas y los procesos organizativos el sentir de ser mujeres”.

Y es que al parecer en toda movilización siempre se oye decir que “esas no son las formas” que “se desvirtúa la lucha del movimiento”, pero, sobre todo, cada vez que el feminismo sale a las calles se lo dicen con más extrañeza. Las intervenciones de acción directa reflejan el rechazo a las instituciones que tendrían que velar por la integridad y seguridad de las mujeres, pero que en cambio las criminaliza y revictimiza y, siendo franca, el vandalismo atribuido a las acciones directas no es nada en comparación con la violencia machista y patriarcal que cotidianamente afecta a millones de mujeres marginadas en sus lugares de trabajo, hogares y calles.

El 8 de marzo adquiere un carácter histórico y reivindicativo de las luchas de todas las mujeres en aras del reconocimiento de sus derechos sociales, políticos, económicos, laborales, sexuales y reproductivos; lo que indica que el #8M encuentra su carácter combativo en tanto es el día en que se defiende la agencia radical de que las mujeres somos personas que merecemos equidad y respeto en todos nuestros aspectos vitales.

De ahí a que organizaciones como Aquelarre Techotiva sean tan significativas para engranar a la periferia dentro de los discursos estructurales y como ellas mismas dicen “Intercambiar sentires y experiencias entorno al amor y la sanación como horizonte colectivo; aun cuando, el patriarcado y el modelo estatal capitalista criminalicen las protestas en defensa de la propiedad privada. Las expresiones culturales, artísticas y sociales que se materializan en marchas, plantones y movilizaciones son digna rabia, energía transformadora de que juntas nos hacemos sentir”.

De tal modo que construir espacios de transformación como foros, encuentros, acciones simbólicas, actividades solidarias, debates teóricos y prácticos que promuevan la economía comunitaria, ecológica, social y feminista, son fundamentales para desanudar prejuicios y forjar el carácter reflexivo de cara no sólo a los escenarios de manifestación, sino paralelos a nuestra cotidianidad; donde una educación que interactúe con los saberes populares y que permita cuestionarse las relaciones de poder que han prevalecido en la educación formal se aproxime más a las experiencias reales, las pulsiones y deseos de mujeres de todo horizonte cardinal.

Para concluir, esta frase contundente de La Fémina Direkta “La calle para las mujeres ha sido un lugar de vulnerabilidad, de acoso, de violencias, de maltratos. Por eso cuando salimos todas juntas en parche intervenimos y nos tomamos el espacio público, reivindicamos nuestros derechos y hacemos memoria, salimos a gritar y a repudiar los actos terroristas, machistas y patriarcales que nos envuelven todos los días, cuando asesinan, masacran y violan”. Cuestión fundamental de que la indignación no sólo es individual, sino es colectiva y furiosa, confronta a la justicia y su negligencia, a la sociedad pasiva y solapada, al statu quo revictimizante y prejuicioso y que, como leí en uno de los tantos carteles del 8M “SOMOS EL CORAZÓN DE LAS QUE YA NO LATEN, PORQUE SI TOCAN A UNA, RESPONDEMOS TODAS”.

Desde la revista Tribuna Cultural les invitamos a que converjan a los espacios de saberes populares de sus barrios, círculos de amistades, medios de comunicación alternativos y acojan de manera crítica y reflexiva lo que allí se teje, se hace e interviene. Para mayor información sobre la desentralización de los quehaceres feministas sigan las redes sociales de La Fémina Direkta y Aquelarre Techotiva.

 

*«Los efectos complejos, irreductibles, variados y variables que resultan cuando múltiples ejes de diferencia económica, política, cultural, psíquica, subjetiva y experiencial se intersectan en contextos históricos específicos» Avtar Brah. Consultado en https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0719-26812015000200015

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